LA CHICA DE LA RECTA

(Terror y humor)

La chica de la recta.

Seguro que conocéis muchas leyendas urbanas acerca de autoestopistas misteriosos o apariciones en solitarias carreteras secundarias. Quizás vosotros mismos hayáis sentido el miedo en una de esas noches de tormenta, en las que circuláis casi en completa oscuridad, lejos de la ciudad… entre frondosos bosques o escarpados acantilados. O a lo mejor, alguno de vuestros conocidos, se ha topado con una de estas entidades…. Sea o no, estoy seguro que jamás habéis escuchado hablar de la chica de la recta.

Como muchas de estas historias, nadie sabe con exactitud, donde y cuando ocurrió por primera vez. Se han escuchado distintas versiones y testigos en distintos lugares del país. Pese a esto, todos los casos comparten elementos comunes.

Normalmente la aparición ocurre entre las 03:00 y las 05:00 de la madrugada. En lugares apartados de las grandes urbes. En tramos largos y rectos de carreteras secundarias. Bueno, lo mejor es que os cuente mi aterradora experiencia:

Aquella noche volvía a casa. Llevaba casi siete horas al volante, y estaba bastante cansado. Aunque quedaban casi 400 km, después de dos semanas en la carretera, necesitaba sentir el tacto de unas sabanas limpias y un buen colchón, así que, decidí continuar. Recorría una zona de campo, sin apenas iluminación. Solo los faros del camión me dejaban ver parte del horizonte. Era una noche terrible: Llovía a cantaros y la visibilidad era mínima, lo que me hacía ir mucho más despacio de lo normal. Me entretenía escuchando uno de mis programas de radio favoritos, y hablando de vez en cuando con otros compañeros que seguían de ruta como yo. No recuerdo exactamente en qué punto de la carretera la encontré, pero nunca podré borrar aquella imagen de mi cabeza. Estaba allí, en mitad de la carretera. Como esperando a que alguien le pasase por encima. Frené en seco, y me quedé mirándola asustado, durante al menos un minuto. Todos los que nos dedicamos a esto, hemos escuchado historias sobre apariciones y encuentros extraños, ya sabéis. Y aquella situación me erizó los pelos de la nuca. No podía verle la cara. Llevaba un camisón o algo parecido e iba descalza. Ahora sé que no debí hacerlo, pero mi sentido común, no me permitió dejarla en aquellas condiciones…

No bajé de la cabina, simplemente toqué el claxon y le hice señales para que subiese. Permaneció inmóvil durante unos segundos, antes de moverse. Cuando se abrió la puerta, un escalofrío recorrió mi columna vertebral de arriba abajo. Se sentó y me miró fijamente y aunque era una chica de bajita y de complexión fina, os aseguro que no pasado tanto miedo en toda mi vida. El pelo, largo y mojado, le cubría casi toda la cara. Como había supuesto, solo llevaba un fino camisón que dejaba ver su piel. Pensé en que podría ser una persona enferma o que estaba escapando de algo. Se lo pregunté, pero no contestó. Solo levantó un brazo y señalo al horizonte con el dedo. Volví a preguntarle lo mismo, pero solo recibí un extraño gruñido y la misma señal. Estaba temblando, pero no podía quedarme más tiempo con el camión parado en mitad de la carretera, así que arranqué.

Durante más de quince minutos, no hubo ni una palabra. Solo, la emisora de radio y las gotas de lluvia contra el cristal. Un ambiente al que estaba muy acostumbrado, pero en aquel momento, me resultaba aterrador. De pronto, la chica empezó a hablar. Recuerdo que su voz era dulce, pero su tono era triste y melancólico. Me dijo que se llamaba Rebeca. Que no sabía cuánto tiempo llevaba bajo la lluvia. Que una noche como aquella, como yo, regresaba a su casa después de un viaje de trabajo. El tiempo y la baja visibilidad, la habían obligado a ir muy despacio. Aunque en principio no tenia prisa, me contó que aquella noche tenía una extraña sensación en el cuerpo. Algo que le decía que debía llegar a casa lo antes posible, o algo terrible iba a suceder. Ella no era creyente, ni especialmente supersticiosa, pero aquel palpito era más fuerte cada minuto que pasaba. Me contó que su madre llevaba tiempo enferma y que una de sus hermanas la cuidaba mientras no había nadie en casa. Su padre también estaba en un viaje de negocios. Al parecer, estaba a punto de cerrar un trato muy importante en China para importar cacahuetes. Su tía, aunque estaba mal de la cadera, aun podía valerse por sí misma y, además, tenía un hijo, que ahora mismo estaba en paro, ya sabe cómo están las cosas… me decía, y es esta la que estaba ahora mismo en su casa. Y es que, aunque su madre, tenía cuatro hermanos más… apenas tenía tratos con ellos, debido a una antigua discusión por un terreno en la sierra que habían heredado de un tío por parte de padre, el cual había hecho las Américas en los 70, pero no había tenido hijos. ¡Si hubiera ido más rápido, lo habría evitado! No habríamos muerto, dijo mirándome fijamente a los ojos.

Yo estaba confundido y aterrado. Entonces pude ver su rostro. De piel blanquecina, huesuda y ojos claros. Un rostro que parecía inocente, pero que también tenía algo diabólico. Su figura se volvió semitransparente por unos segundos. Entonces, recordando las leyendas e historias que todos conocemos, mi cuerpo se estremeció al saber que estaba ante una presencia sobrenatural. Me asusté cuando giró bruscamente la cabeza y casi instintivamente pregunté ¿Qué te pasó? Ahora se que no fue una buena idea.

¿Si hubiese acelerado? Dijo, ahora con una voz más siniestra, volviendo a mirar la carretera, mientras los truenos resonaban en el cielo, Me dijo que su madre ya había tenido accidentes otras veces, pero nada como aquello. Que en una ocasión que habían ido a pasar la mañana al campo, se había caído intentado montar a caballo. Un susto terrible al parecer. Por suerte, uno de sus primos, que sabía mucho de medicina, aunque sus padres no daban mucho por él, reaccionó rápido.

Yo aceleraba, a medida que aquel espectro seguía hablando. Y es que dos horas después seguía hablando. Aquella triste, absurda y densa historia, no se acababa. Me habló de sus ochos primos, de las novias de cuatro de ellos, de un vecino de alicante, el perro que tenia y su puñetera madre.

Sin siquiera darme cuenta, yo aceleraba más y más, mientras aquella maldita …aparición, seguía hablando. Consideró necesario contarme también, que la semana de su fallecimiento, había ido al ginecólogo a hacerse una revisión en la que por suerte había obtenido muy buenos resultados, que, a su sobrino, lo habían expulsado del colegio, por meterle mano a una niña, cosa que en estos tiempos que vivimos es inadmisible. Y que había sido la madre, es decir, la señora en la que, en principio, giraba esta historia, la que había intercedido entre el niño y la tía. Pero ojo, que no era tía, tía, porque ella, era la segunda mujer de su tío, que se había vuelto a casar pasado solo un mes de su divorcio. Tío que era un poco golfo, decían en la familia, y que realmente era hijo de un primo segundo por parte de su abuelo Matías, que vivía en México desde hace años….

Fue una de las experiencias más terroríficas de mi vida. Pero lo peor de todo fue cuando cruzamos la señal de Bahía negra 80 kilómetros, Vigo 90 kms. Estaba seguro y podría haber jurado que ya había visto esa misma señal dos veces. Me quedé congelado. Horrorizado. Era como si atrapado en aquella maldita carretera. Mientras Rebeca, seguía y seguííía hablando de, de … ya no sé, ni de que cojones hablaba. Mientras pensaba que podía hacer para escapar, totalmente absorto, escuchaba la voz del horror de fondo. Creo que aquel momento, perdí la razón, mientras me contaba que había tenido que ir a la boda de su prima, la gorda, el mes pasado. Que había ido con Vane, Susi, Jessie, Caro, Tuchi, Puchi, Meli y Veli…(suspiro) No sé a qué velocidad íbamos, pero seguro que a mucha más de la debida, cuando decidí ponerle fin a aquella pesadilla. Giré el volante y lancé el camión ladero abajo. Juro, que hasta perdí la consciencia, escuché su voz …. Creo incluso que la escuché también después.

Por suerte, no sé cómo, pero me salvé. Y estoy agradecido por ello… pero jamás olvidaré aquella horrible experiencia, jamás volveré a pasar por aquella carretera, y jamás, podré olvidar…, aquella voz.

© DAVID IGLESIAS FERREIRA. Universo ANÓMALO 2021

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