!!Ya puedes leer, el Capítulo V de esta historia!!
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!!Ya puedes leer, el Capítulo V de esta historia!!

Nov 02 David Iglesias  

Capítulo 5

Casa del doctor O´Neal, Santiago
Parece que ha tenido cierto efecto. Puedo ver en su cara una mezcla de terror y confusión instantáneas.
— ¿Qué eres tú?
— Oh ¿Mamá no te avisó de quién soy yo, o es que no lo sabe? ¡Habla!
— Ese viejo entrometido ha causado muchos problemas; ha intentado detener algo que llevamos siglos esperando.
— Sí, muy de Angus; es la edad.
— Pero ya no importa, solo quedan tres días…
— ¿Para qué?
— Cuando las puertas se abran, tu mundo se cubrirá de oscuridad. Un ejército de muertos se alzará para purgar la Tierra. Los que se opongan, serán sometidos y sus almas se unirán a las filas del Averno.
— Buen resumen, pero ya he oído eso antes.
— Pero nunca ningún ser ha estado tan cerca de conseguirlo.
— ¿Quiénes son esas a las que llamas «madres»?
— Hechiceras de un inmenso poder. Capaces de someter a cualquier ser, incluso al mismo diablo con una sola mano. El viejo ya lo ha podido comprobar en persona.
— Te has vuelto muy hablador de repente.
— He fallado en mi misión. Me espera el mismo destino que a ti. No importa lo que sepas. Ya vienen.
— ¿A qué te refieres? …
En ese instante, parece que se empieza a asfixiar. Lo suelto. Me fijo en un finísimo hilo rojo que rodea su cuello. Sigue por detrás de su cabeza flotando en el aire como una hoja. Llega hasta la puerta y continúa por el pasillo hasta una ventana. Rápidamente me acerco a ella, puedo ver claramente como sigue surcando el aire por calles y azoteas de la ciudad hasta donde me alcanza la vista.
Cuando vuelvo ya está muerto. El hilo entonces, se consume ante mis ojos, y sus cenizas desaparecen antes de tocar el suelo.
— ¿Un amarre? Jamás había visto uno tan fuerte. ¿Qué tipo de brujas son estas?
Los amarres son los hechizos más comunes de cualquier bruja. Ataduras mágicas con las que puede atraer hacia ellas o hacia otro el amor, la suerte, el dinero o en los casos de las brujas más dañinas, la mala suerte o incluso en cierta medida, la muerte. Pero nada parecido a esto. Éste es un poder mucho mayor; la atadura no solo es mental, sino que también es física, y el control sobre el individuo es total, Siendo capaz incluso de matarlos. Tiene que haber algo más detrás de estas brujas.
Todo empezaba a coger forma; las brujas, la profecía, el mapa… Está claro que Angus había investigado y localizado a la cuarta mujer, aunque creo que lo han detenido antes de que pudiese dar el siguiente paso. La sangre del suelo no es mucha y creo que hubiesen dejado el cuerpo aquí si no tuvieran algo pensado para él. Algo me dice que está vivo, aunque no sé en qué condiciones. De todas maneras, faltan tres días según decía ese hombre. Debo encontrar y salvar a esa mujer antes que ellos.
Vuelvo a escuchar ruido, esta vez viene de fuera. Rugidos, voces, crujidos y golpes metálicos rodean la casa. Deben ser varias docenas. Parece que están decididos a acabar el trabajo.
«¡Maldita sea!».
No estoy en una buena situación para un combate como este. Estoy rodeado y acorralado entre paredes. Decido subir al tejado, allí tendré una visión de 360 grados y más posibilidades de escapar si es necesario. Subo a la planta de arriba y de allí escalo hasta el tejado. Es perfecto; la casa está entre calles y casi todas las casas de su alrededor son de alturas similares. Me levanto y me acerco al borde.
«¡¡Dios!!».
La visión es grotesca a la vez que aterradora: En la oscuridad de la noche puedo ver docenas de hilos rojos a mi alrededor. En un extremo de los hilos, hombres, no muertos y bestias que ni reconozco, se acercan a la casa. Rugen portando cadenas, martillos, ganchos y otras armas que golpean contra sus escudos y armaduras. Todos con un hilo rojo rodeando su cuello.

Al otro extremo, varias mujeres. Cada una, sujeta con su mano izquierda varios de aquellos hilos que hacen las veces de correas, como si de una manada de perros se tratase. Caminan algunos metros más atrás. En la otra mano, un místico y oscuro látigo de varias colas con el que los azuzan. Jamás había visto algo así. No creo que sean las madres, pero desde luego son brujas y las más poderosas que yo he visto nunca. Esto empieza a ponerse serio.
Parece que aún no me han detectado, aunque ya están a pocos metros. Tengo doce cartuchos mezcla especial de la casa — plata, sal, agua bendita y algunos perdigones de hierro —, después será cuerpo a cuerpo. Creo que no habría problema con los perros, pero sus amos sí me preocupan. No sé a qué tipo de poder me enfrento. Tampoco puedo dejarles tiempo para pensar. Los puntos débiles de las brujas son dos: El primero es que realmente son simples mujeres, sus cuerpos son tan frágiles como los de cualquier ser humano. El segundo es que necesitan conjurar su magia de palabra, a veces con largos y complejos versículos, lo que puede darle a su atacante tiempo suficiente para acercarse mortalmente a ellas. Por eso, suelen usar a «otros» para el trabajo sucio. Estas son o demasiado imprudentes, o demasiado poderosas, porque las tengo a pocos metros.
Quedan tan solo unos segundos para que rodeen la casa y me vean. Tengo dos opciones; luchar o esfumarme. Creo que optaré por lo más inteligente, mis prioridades son otras en este momento. No dejo de pensar en lo que me dijo aquel desgraciado y en el pobre Angus.
— ¡¡Rooooooarrrgggg!! ¡¡Matadloooo!!Y se acabó: Una de las bestias salta desde el suelo al lado opuesto del tejado. Ni me he dado cuenta. Ruge, me enseña los dientes y alza los brazos. No tengo muy claro qué tipo de criatura es. Tendré que hacer una prueba un poco genérica.
— Vas a morir, perro.
— Dice el que lleva una correa al cuello… En fin.
Desenfundo mi escopeta y disparo a su cabeza. Con el impacto sale despedido hacia atrás cayendo del tejado en medio de sus compañeros. Veo cómo va achicharrándose por el aire. Mi receta siempre funciona, soy un gran chef.
Empieza el espectáculo. Balas, hachas y flechas comienzan a volar sobre mí. Impactan en las paredes y el suelo. Saltan trozos de madera y metal por todas partes. Una astilla atraviesa mi clavícula izquierda. «empezamos bien». Algunos entran por las ventanas para dirigirse al tejado por las escaleras. Otras bestias escalan, clavando sus garras en las paredes.
Intento no perder de vista a aquellas brujas, pero tengo que atender a demasiadas cosas. Lucho con los que van apareciendo. Vacío el cargador. Recargo y continúo. Solo me quedan cuatro tiros. Tengo que tomar una decisión. Dos. Intento ver cuál es la mejor ruta de huida. Dos de ellas al norte; un grupo cubre los tejados a mi espalda y otra a mi derecha. Esta última creo que se ha confiado demasiado. Solo uno de sus perros la escolta. Se ha separado demasiado del resto.
Decidido. Disparo, me queda solo un cartucho. Corro hacia la cornisa. Aprovecho el último disparo para abrirme paso. Salto y caigo a dos metros de la bruja y su guardaespaldas. Ella sonríe y lo mira. Aquel mastodonte también sonríe.
— Hola, pequeño. Hemos oído hablar de ti y de lo especial que eres. Sería muy bueno para ambos que te unieras a nosotros. Ocuparás un puesto de privilegio en el nuevo mundo.
— Hola, pequeña. Yo había oído hablar de las brujas y de cuál era su aspecto habitualmente, pero está claro que no eran buenas referencias.
Como todos y como era habitual, me esperaba una vieja encorvada de nariz puntiaguda y una gran verruga peluda. Pero estas eran mujeres jóvenes, de cuerpos en forma de reloj de arena. Piernas largas, muchas curvas, unos labios sensuales y más… En ese momento, tengo sentimientos encontrados, pero, en fin, sigamos.
— En este siglo, este aspecto nos ha facilitado mucho las cosas. El progreso, la ciencia y vuestra estupidez, avanzan a la misma velocidad.
— Estoy de acuerdo, pero lamentablemente no puedo aceptar tu oferta, no es que me guste el mundo tal y como está, pero no creo que vuestro plan lo mejore.
— Pues lamentablemente te someterás o morirás.
Aquella especie de gigante da un paso adelante mientras ella comienza a recitar un hechizo, no sé si con intención de atarme o matarme. Él levanta su brazo, en el cual, lleva enrollada una enorme cadena acabada en un gancho que sostiene con su mano. Yo entonces agarro todas las correas que le quedan. No tengo demasiadas opciones. Saco mi arma; también es mágica. Ella lo nota y su sonrisa desaparece. Con un golpe seco, corto fácilmente aquellos hilos.
— Vaya, No pensé que fuera tan fácil.
— ¡Maldito seas!
— Sí, algo se rumorea.
Ahora su gesto es una mezcla de sorpresa y miedo. Sigo en guardia. No sé qué va a pasar exactamente. Cuál es mi sorpresa cuando veo que algunas criaturas huyen y las otras desaparecen. Parece que aun siendo lo que son, no estaban aquí por voluntad propia. Pero no solo eso. Esto es todavía más divertido: El grandullón no se acobarda, la mira con un gesto nada amistoso. La agarra por el cuello y la levanta un par de metros. Ella intenta conjurar algo, pero él le aprieta la garganta antes de que lo haga. Entonces lanza un largo y agudo chillido.
No sé qué hacer. Miro detrás de mí. Las otras brujas y el resto de criaturas ya se han dado cuenta de mi movimiento y han escuchado la llamada de auxilio de su «hermana». Se escuchan varios gritos. Aunque no entiendo lo que dicen, veo que comienzan a moverse.
Veo por última vez como aquella bruja se retuerce en manos del gigante. Él parece que me ignora ahora que no está amarrado. Es una pena no poder interrogarla a fondo — y no penséis mal — pero no tengo tiempo si quiero desaparecer. Cuando doy la primera zancada noto como si tropezase con un muro de hormigón invisible. Es una de las grandes manos de aquel gigantón.
«Mierda», pienso, pero me llevo una grata sorpresa.
— Gracias, amigo. Yo los entretendré un rato — me dice con una grave y profunda voz. Después aparta su mano.
Respiro aliviado, viendo el tamaño de sus manos y le contesto con gesto amistoso.
— De nada grandullón; te debo una.
— No. Me has liberado de mi prisión. Yo te la debo a ti.
Comienzo a correr. Él abre la mano y el cuerpo de la bruja cae al suelo como un saco de arena. Cuello roto, supongo. Después se coloca en medio del callejón como un espartano en las Termópilas, con la clara intención de que nadie pase por allí. Agarra sus cadenas y se prepara para el combate. Sigo corriendo. En pocos segundos se empiezan a oír golpes, gritos y crujidos. Antes de perderme en las calles de Santiago, le grito:
— ¡Sal de ésta, grandullón!
Creo que me escucha, aunque no tengo contestación. Sigo corriendo entre las calles que continúan totalmente vacías pese a todo lo que ha pasado. Es muy extraño. Por suerte para mí, empieza a amanecer, cosa que no le suele gustar a la mayoría de fuerzas del mal. Esperemos que hoy sea también el caso.
Poco después, es de día. Ya he dejado de correr cuando comienzo a ver movimiento por las calles. De pronto todo parece normal; gente paseando, establecimientos que abren sus puertas, trafico. Todo el mundo comportándose con total normalidad. Incluso alguien me dice:
— ¡Un disfraz guay!, tío.
Me pongo las gafas y efectivamente, ni rastro de nada.
Necesitaba cambiarme y pensar con claridad. Pido una habitación en el primer hotel que me cruzo. Cierro los ojos durante un par de horas, después me ducho, me cambio, pido algo de comer para recargar fuerzas e intento organizar mis pensamientos.
Jueves, 24 de septiembre de 2015. Santiago de Compostela
Parece que Angus, en su línea habitual, se ha tropezado con una conspiración ancestral en la que se ha visto rodeado de brujas y demonios. Mucho más de lo que él solo podría enfrentar.
Mientras recupero energías, comienzo a leer el libro que Angus me ha enviado. Está escrito en una mezcla de latín y algún idioma eslavo, creo, pero Angus ya se ha encargado de traducirlo.
Habla de leyendas y profecías, de la eterna lucha entre el bien y el mal. Una lucha que parece destinada a que nadie gane la guerra, solo las batallas. Pero no habla de ello tal y como nosotros lo entendemos, sino como algo más antiguo, algo primigenio, anterior a nuestro mundo: Fuerzas elementales creadas y regidas por dioses antiguos con el fin de ganar su guerra. De cómo, desde antes de las primeras civilizaciones o de los primeros grandes dioses de los hombres, existían ya la luz y la oscuridad. De cómo, antes del conocimiento o la escritura ya existía la avaricia y la bondad, la soberbia y la humildad, el bien y el mal, como si estos «conceptos» formasen parte de lo más profundo de la naturaleza humana. De cómo estos dioses antiguos, aunque de un poder infinito, necesitaban para su existencia de la fe de los hombres. De cómo aquellos dioses eran, poco a poco olvidados, y sustituidos por nuevos dioses. Eran los hombres los que convertían a los dioses en tales. Pero al bien y al mal no les importaba qué forma debían tomar, solo les importaba su guerra.
Una vez más, recordé las clases de Angus. Esto era lo que él nos contaba cuando éramos unos críos.
Me salto una buena parte del libro, aunque parece muy interesante. Angus ha marcado las páginas que debo leer, y al abrir el libro en la siguiente marca, leo un nombre que he escuchado recientemente: «las Madres». Comienzo a leer el texto traducido por Angus, cuenta cómo de la primera mujer que entregó su cuerpo y alma voluntariamente a un demonio, nacieron tres niñas: Las tres primeras brujas, anteriores a las Grayas o las Gorgonas. Como su madre murió en el parto, estas tres niñas fueron criadas y enseñadas en las artes más oscuras por este poderoso demonio. Pronto se convirtieron en tres mujeres; perversas, malvadas, poderosas e inmortales. Engendradas por el mal y para el mal. Con un único fin: recorrer la tierra por los siglos de los siglos engendrando y aleccionando nuevas brujas, formando aquelarres de mujeres hijas y amantes del demonio bajo el símbolo de la luna de sangre. Y así ha sido durante siglos en los que la magia negra y la brujería se extendieron, convirtiéndose casi en una religión, dando lugar a otros dioses y criaturas oscuras. Y durante siglos, sus acólitos, su progenie, brujas y otras criaturas se han referido a ellas como «las Madres».
La maldad y el veneno que esparcieron fue tal, que la tierra y el cielo sintieron dolor. Los hijos de la Tierra decidieron responder. Hadas, druidas, árboles, ninfas, dríadas y resto de guardianes se reunieron. Los ancianos más sabios y poderosos de cada clan crearon un hechizo e invocaron a la misma Gaia. Le hablaron y le rogaron que los ayudase a combatir el veneno de la luna de sangre. La máxima guardiana accedió, pero no podía ser ella la que lo hiciera. Para crear el arma, necesitaría además de su propio poder, la esencia de una de cada una de aquellas criaturas que protegían el planeta por ella. El mal se extendía rápidamente, así que los ancianos decidieron sacrificarse.
Gaia, engendró entonces cuatro hijas. Del fuego más ardiente del más profundo volcán nació Iria, Del agua más pura de las más altas montañas nació Enea, del viento del huracán más grande que el mundo había visto, nació Bruma y de las entrañas de la propia tierra nació Tesea. Se las conoció como las cuatro primeras, o as catro primeiras en la lengua de estas tierras. Hijas de la misma Gaia, protectoras de la tierra, guardianas de los elementos, hacedoras de vida.
Las hijas de Gaia se enfrentaron a las madres y vencieron. Aunque no pudieron matarlas, pudieron capturar su esencia demoníaca y encerrarla donde jamás volviese a ser encontrada y liberada. Hasta ahora.
Las madres desaparecieron, pero el símbolo de la luna de sangre no lo hizo. Sus miembros, esparcidos por el mundo, armados con todo tipo de artes oscuras, no han dejado de buscar la manera de encontrar y liberar a las madres. Y ahora parece que la han encontrado.
Cerré el libro y me quedé durante varios segundos mirando a la nada. Esto es más grande de lo que me esperaba. No podía dejar de pensar en el viejo. Cada paso que daba, había más preguntas que no podía contestar, pero debo seguir mi lista de prioridades. Las investigaciones de Angus me conducen a Vigo, una ciudad que, gracias a su puerto y su situación estratégica en el noroeste, había crecido enormemente en el último siglo hasta convertirse en una pequeña metrópolis. Tengo un nombre y una dirección. Debo encontrar a esta mujer antes que ellos, si es que no la han encontrado ya, y buscar pistas sobre Angus.
Aun así, iré primero a la supuesta presentación del libro de aquel personaje de ayer. Tengo que asegurarme de quién es exactamente y de cuáles son sus intenciones. Ha sido demasiado casual que aparezca precisamente ahora.
Llego al recinto en poco tiempo. Hay mucha gente, prensa y todo un club de fans esperándolo. Al parecer este tipo es tan famoso como decía. Quizás deba darle una oportunidad.
Ocupo un asiento en la parte de atrás del salón de actos. Necesito ver a todo el mundo con claridad. Cuando no lleva ni quince minutos hablando de su libro, certifico mi primera teoría: No es más que un gran charlatán, que dice poder conectarse con el mundo espiritual y hablar con los muertos.
Hace varias demostraciones con el público; el show propio de un ilusionista mezclado con un vendedor de feria. Pero es verdad que tiene ese aspecto y ese tono voz que convence a la mayoría, más aún cuando se les habla de temas personales que supuestamente nadie… que no consulte tu Facebook… puede saber. Por un momento no puedo evitar reírme.
«El tío es bueno… Eso hay que reconocérselo».
Conozco a más de un vidente, algunos realmente poderosos, pero os puedo asegurar, que, en el otro lado, no hay una telefonista que atienda las llamadas las 24 horas.
Todo continúa siendo bastante normal hasta que presenta a sus colaboradoras: Dos chicas de unos 30 años y el clásico aspecto gótico, necesario para encajar en esta charada. Me sobresalto bastante cuando entran y me hacen una vez más dudar de él, que las presenta como sus aprendices de brujería y ayudantes personales.
«O este idiota no sabe al lado de quién está sentado o es más poderoso de lo que parece».
Puedo ver con claridad el rastro escarlata que dejan a su paso, incluso cómo una de ellas, no está mostrando su verdadera forma.
Cuando acaba la «fascinante» presentación, me quito las gafas y me acerco a saludar a Merlín el mago. No tarda en verme, levantándose de la mesa en la que firmaba autógrafos, y acercándose a mí con los brazos abiertos, sin salirse del personaje me dice:
— Amigo mío, has podido venir…
— Sí, no me lo hubiera perdido por nada del mundo.
— ¿Qué te ha parecido?… ¿Crees ahora que has visto?
— ¡Oh, sí!, señor. Jamás había visto nada como esto ¿Cómo lo hace?
— ¡Ah!, ¡ah!, joven amigo, yo no soy un mago que pueda revelar sus secretos. He nacido con un don, un don especial que me permite llevar esperanza y alegría a los demás.
— Bueno…, y que vende muchos libros — le digo intentando que no se note demasiado el cinismo en mis palabras.
— Es… cierto, cierto, pero el dinero no me importa. Creo que estoy aquí para cumplir una misión, no necesito la recompensa.
Creo que este idiota se cree de verdad lo que dice. «Joder, lo que me faltaba. Un iluminado».
— Bellas palabras, el mundo necesita gente como usted.
— Gracias, gracias…
— Gente que ilumine… la oscuridad — comento mirando fijamente a aquellas dos mujeres. Parece que notan algo diferente en mí. Por un momento cambian su gesto y se miran entre ellas.
— Oh, sí, las jóvenes sin las que ya no puedo vivir. Dos buenas y poderosas meigas como las llamarían aquí.
— Encantado, señoritas. Son las brujas más guapas que he visto en las últimas horas…— les digo presentándome con un beso en la mejilla. Voy a intentar provocarlas para ver su reacción.
Ellas abren los ojos con asombro. Aleister… primero se extraña y luego sonríe.
— ¿En las últimas horas? — me pregunta, sonriendo —. Muy gracioso.
— Lo siento, no pude evitar la broma. Ayer estuve en una fiesta de disfraces en la que había varias brujas — comento mientras continúo mirándolas —. Lo pasamos muy bien, aunque creo que una de ellas no volverá a escoger el mismo disfraz.
Mi comentario surte el efecto esperado, lo noto enseguida. La bruja más joven frunce el ceño al instante y hace ademán de saltar de la silla, pero su compañera la detiene colocando una mano en su hombro y apretando los dedos, para que vuelva a sentarse con calma. Después me miran y sonríen de nuevo.
— Nos encantan las fiestas temáticas. Nosotras también solemos ir.
— ¿Ah sí? Pues ayer os perdisteis una de las mejores en las que he estado.
— Es una pena, Bueno quizás nos vemos en la próxima.
— Eso espero, chicas.
— Fantástico, me encantan las fiestas de disfraces, las máscaras… los bailes… el misterio… — nos comenta el vidente, ajeno al cinismo de aquella conversación, pero nadie le hace mucho caso, mientras seguimos un buen rato desafiándonos con la mirada. Parece que todos hemos declarado nuestras intenciones con sutileza.
Después de casi un minuto de un incómodo silencio, vuelvo a hablar:
— Bueno señor Aleister, espero volver a verle pronto… y a sus compañeras también.
— Lo mismo digo. Pero… ¿ya se tiene que ir?
— Sí, mi tren sale dentro de una hora, aunque quizás podríamos comer juntos antes — le propongo.
— Me parece buena idea. Chicas, acabad vosotras las entrevistas. Nos veremos en el hotel en un par de horas.
— Pero…
Nos damos la vuelta y salimos del recinto, mientras el vidente me sigue hablando. En ese momento no le hago mucho caso, giro la cabeza después de unos metros y miro a aquellas dos arpías frunciendo el ceño. Ellas me responden de igual forma hasta que me presento completamente. Mis ojos se vuelven negros a la vez que sonrío.
Veo como la cara de las brujas cambia al instante, reflejando miedo y confusión; una reacción habitual cuando hago esto.
Llegamos a la estación y nos sientan en una apartada mesa del restaurante. Es una situación informal, sin finuras ni menús degustación, solo quiero saber delante de quién estoy sentado. Aunque tampoco hay mucho tiempo para sutilezas, así que voy directo al grano.
— Bueno… Ahora que estamos solos… cuéntame la verdad ¿cómo funciona esto?
— ¿Cómo dices?
— Los dos sabemos que no eres ningún mago, ni vidente, ni nada parecido. Admito que la puesta en escena por momentos es brillante, pero hace falta bastante más para engañarme.
— ¿Cómo te atreves? ¿Me has traído aquí para insultarme?
— No, te he traído para advertirte…
— ¿Advertirme de qué?
— Esas dos mujeres…
— Destino y Estrella ¿Qué?
— Son… Un momento: ¿Destino y Estrella? ¿en serio?… Esto es cada vez peor. Bueno, su nombre no me importa, pero debo advertírtelo… Son brujas.
— Lo sé; claro que lo son, por eso están conmigo.
— No, estúpido; son brujas de verdad… Y creo que bastante peligrosas.
En aquel momento el «mago» cambia su gesto y se queda en silencio un instante. Escucha con el tono de seriedad y preocupación con el que le hablo.
— A ver, amigo — me dice con una voz repentinamente normal, dejando atrás su acento de aristócrata austríaco —. No sé si esto es una broma o si nuestro aspecto y nuestro espectáculo te ha impresionado demasiado. Pero en cualquiera de los dos casos, olvídalo; son solo dos buenas chicas con un aspecto algo extravagante.
— Mira, no tengo tiempo para explicarte todo esto y es mejor para ti que no lo haga. Pero escúchame atentamente… Esas mujeres son peligrosas, peligrosas de verdad. No sé lo que quieren de ti, pero ten mucho cuidado. Por favor.
— Está bien, lo haré… lo haré.
— Sé que no me crees, pero lo harás. Esconde sal en algún lugar por donde ellas tengan que caminar y podrás comprobarlo tú mismo.
— Sal… Sí, sí, Está bien — me responde, aunque se nota que realmente no está tomándose en serio mis advertencias.
Tras cinco segundos de silencio, escuchamos como por la megafonía avisan:
— Tren con destino a Vigo, listo para partir en la vía cuatro.
— Bueno, debo irme.
Me levanto y le tiendo la mano.
— Buen viaje, volveremos a vernos pronto.
— Eso espero — le respondo en un tono muy serio, intentando que tome mis palabras en consideración. Después me echo la mochila al hombro y camino hacia el andén. Puedo ver, mientras el tren se aleja, que Alesteir sigue allí de pie durante un buen rato, parece confundido. Creo que mis palabras, al menos, le han hecho pensar.
Me siento en el primer asiento vacío con la conciencia todo lo tranquila que podía, dadas las circunstancias. Haberle revelado más, solo hubiera conseguido asustarlo. Creo que hubiera sido peor opción, además en este momento tengo otros problemas. No tardaré mucho en llegar a Vigo. Y vosotros os preguntareis: ¿No sería más rápido en coche, por ejemplo? Efectivamente, pero es que aun en las peores circunstancias, soy un romántico. Además, así podré leer el maldito libro que me envió Angus.
No me da tiempo a mucho, y tengo demasiadas cosas en la cabeza para concentrarme en el libro. Cuando me doy cuenta, ya estamos en la estación. Sé a dónde tengo que ir, Angus ha estado investigando mucho. Son las 18:30, el hombre que interrogué me dijo que solo quedaban tres días y de eso hace veinte horas. Espero poder llegar a tiempo para salvarla.
Estas mujeres, han vivido durante siglos entre la gente, escondiendo su verdadera naturaleza. Se han dedicado siempre a ayudar a los demás, como doctoras, científicas o maestras. También se han dedicado a enseñar sus conocimientos y poderes a otras mujeres; videntes, sanadoras o como aquí las llaman; meigas.
Si las investigaciones de Angus son correctas, la última de las hijas de Gaia se llama Iria, lleva un gabinete de psicología en la parte oeste de la ciudad. Ayuda a niños y adultos a superar los malos momentos. Creo que aparenta unos treinta y pocos.
Llego rápido a su lugar de trabajo. Me quedo vigilando a una distancia prudencial. Todo parece normal. Esperaré a que salga y la seguiré a su casa. Después decidiré como abordar el tema.
Sobre las 19:30 empiezo a ver movimiento en la clínica. Camino lentamente, estoy a unos cincuenta metros. Cuando la veo salir, casi me estampo contra una farola. Es impresionante; sus ojos, sus labios, su cuerpo. El solo contemplarla debe ser pecado. Es increíble que una mujer así pueda pasar desapercibida.
La sigo durante unos veinte minutos. Entra en una enorme casa de color blanco con un jardín delantero repleto de plantas y árboles exóticos. Está anocheciendo, aprovecho para ocultarme en las sombras de unos árboles y esperar.
Se enciende la luz de una de las habitaciones de la segunda planta. Aparentemente no sucede nada extraño. Paso más de una hora y media allí. No tengo muy claro el siguiente paso. ¿Contacto con ella o simplemente la protejo durante dos días?
Mientras lo pienso, puedo notar que se levanta una ligera brisa, como flotando dentro de ella se escucha una voz, clara, dulce, pero a la vez contundente.
— Vete por donde has venido, extraño.
Parece que mi dilema se ha resuelto solo.

Gracias por tu tiempo.
Espero que te haya gustado.

Anómalos La luna de sangre
Edición: 2019
ISBN: 978-84-09-12293-6
ISBN Kindle:978-84-09-12688-0

Depósito legal: VG-448-2019
© Copyright de texto, ilustraciones y conceptos.
David Iglesias Ferreira
© Copyright de esta edición
Universo Anómalo, 2019
www.Universoanomalo.com

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Espero que os haya gustado.¿Queréis saber como continúa esta aventura?

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