Relatos Anómalos.”El mejor amigo del hombre”
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Relatos Anómalos.”El mejor amigo del hombre”

Nov 17 David Iglesias  

Esta semana, os traigo una historia, sobre un tipo, que sintió en sus propias carnes jejeje … la misma sensación que su víctima. Bueno, quizás sintió algo mas … jajajaja

 

Las luces de su coche, Iluminan la oscura carretera. Conduce rumbo a las afueras, por una carretera secundaria sin apenas iluminación artificial. A un lado; hectáreas y hectáreas de monte, miles de eucaliptos y vegetación de poca altura. Al otro; la falda de la montaña que desciende ligeramente durante kilómetros. Al fondo, las incandescentes luces de la ciudad, que inundan el cielo en mitad de la noche.

Cuando creé que está lo suficientemente lejos, detiene el coche, en un estrecho camino de tierra que gira a la derecha desde la carretera principal. Baja y abre el maletero. Saca una linterna, que se guarda en el bolsillo izquierdo y una pequeña cuerda que desliza por su brazo hasta colgarla de su hombro. Después, abre una de las puertas traseras. Un perro desciende del vehículo y se coloca al lado de su amo. Es de tamaño medio, tienen las patas blancas y una característica mancha en el pecho en forma de rombo. El tipo, cierra la puerta y camina hacia el interior del frondoso bosque. Tras unos minutos, mira hacia atrás. Ya no puede ver su coche, ni la carretera. Y apenas, las luces de la ciudad que asoman tímidamente entre los tojos.

Sin decir ni una palabra: coloca un poco de carne en el suelo. Enrolla la cuerda en el grueso tronco de un eucalipto, y le hace varios nudos, después sujeta al perro con el otro extremo. El animal, está entretenido comiendo, y su supuesto dueño, aprovecha para irse, dejándolo allí atado, sin posibilidad alguna de seguirlo o escapar. Sube al coche y arranca sin siquiera encender las luces hasta que está lejos del lugar de su repugnante crimen. Podemos ver su rostro, cuando mira por el espejo retrovisor. No hay ninguna expresión. Es un gesto frio y despreocupado. Aunque de vez en cuando, su diminuta conciencia lo hace mirar hacia atrás….

Dos días después

Vemos como alguien abre la puerta de una sala con un cartel que dice “sala de empleados”. Es nuestro protagonista. Se llama Toni Carusso. Trabaja de contable en un pequeño cubículo de la cuarta planta de Techton Coorp. Un cualquiera. Un número más de la empresa. Sin habilidades ni virtudes destacables. Cumple con su trabajo sin más.

Toni entra, y se acerca a un grupo de tres chicas y dos chicos que están al fondo de la habitación, sentados en una mesa.

—Hola chicos, como ha ido el día

—Bien, por fin, ya lo tenemos todo preparado.

—Pues yo tengo buenas noticias. Yo también voy.

—¿¡Ah sí!?¿Y Lobo? Sabes que no podemos llevárnoslo.

—Sin problema. He encontrado unos amigos, que lo pueden cuidar hasta que volvamos.

—¿Quienes? —pregunta uno de los chicos, con curiosidad.

—… Bueno, no los conocéis. …Mc …Mcdonald, Un compañero de mí planta.

La respuesta, deja a los chicos un poco extrañados. No era un secreto que Toni, no apreciaba demasiado a aquel pobre perro. Se había visto obligado a quedarse con él, después de que su mujer … bueno, su ex mujer, se fuese con un ejecutivo de la planta trece.

—¿Y se encargarán de él, toda la semana? Has tenido suerte. Ahora mismo íbamos a reservar las habitaciones —comenta otra de las chicas, que por cierto Toni, mira de forma interesada.

—Pues ya sabes, reserva una habitación más … bueno, o una doble. Eso lo dejo a tu elección —le dice guiñándole un ojo.

El resto de los chicos, la miran. Ella no está interesada en lo más mínimo por él. Simplemente sonríe educadamente y contesta con un:

—Si. Ya te gustaría.

Toman un café mientras hablan de la excursión que tienen preparada para sus vacaciones. Cinco días y cinco noches en unas apartadas y tranquilas casas rurales lejos de la ciudad. Tienen preparadas, todo tipo de actividades. Algunas para todos los públicos, y algunas … solo para adultos.

Cuando las chicas se van. Ellos continúan hablando durante varios minutos:

—Así que al final … somos seis —comenta uno de ellos, mirando a Toni—. No has podido resistirte, ¿Eh?

—Bueno, ya sabes. No creo que haya otra oportunidad mejor que esta para pillar a Marta con la guardia baja.

—¿En serio, tío? Que estás pensando … en emborracharla, ¿o qué?

—Pues la verdad. Es que cuento con que lo haga ella sola.

—Compañero … no quiero ser yo, el que te estropeé la fiesta … pero, no la veo muy interesada —comenta Dani. Otro de los chicos, sonriendo.

—Es cierto. Pero aquí uno, tampoco puede lucirse demasiado. Cuando me vea fuera de esta maldita oficina, cambiará de opinión.

—La esperanza es lo último que se pierde, ¿No? —le dice Sergi chocándole la mano.

—Exacto. Es ahora o nunca.

—Menos mal, que ese tipo a podido encargarse de Lobo. Te ha hecho un buen favor.

—¿Qué? ¿Quién? —contesta Toni despistado.

Los chicos se quedan callados durante unos segundos, mirándose entre ellos. Entonces, Dani dice:

—Ese compañero, que se encarga de lobo … que te ha salvado el culo.

—… Ah, sí, si … es genial.

Se ha dado cuenta de su metedura de pata. Así que, cambia de tema rápidamente y se levanta.

—Bueno chicos, vuelvo a mi sitio. Si no hago algunas horas extras esta semana, no podré pedir los cinco días. Nos vemos.

—Venga.

Toni se marcha, y lo chicos se quedan atrás. El no gira la cabeza, para que ellos, no piensen nada extraño, pero ya es tarde para eso. Han sido demasiados días, quejándose delante de ellos, del pobre lobo, por unos y otros motivos. Antes de volver a sus puestos, Dani le susurra a Sergi:

—¿No creerás que …?

—No …. ¿No?

Un par de días después, cuando ya está todo preparado. Los chicos vuelven a reunirse en la sala de empleados. Están todos menos Toni. Están emocionados. Ya es viernes, y solo pueden pensar en sus merecidas vacaciones. Bueno, todos menos uno. Dani parece distraído. Preocupado incluso.

—¿Qué pasa cariño? —le pregunta su chica.

—No … no es nada. Da igual.

—Venga tío. Es el ultimo día. Piensa en la semana que viene y …

—No hay ningún Mcdonald en la cuarta planta.

—¿Que? —replica Sergi, cambiando su gesto al instante.

—Lo he comprobado varias veces. No hay ningún Mcdonald en la planta de Toni.

Una vez más, hay una pausa. Dejan de sonreír al instante, y se miran unos a otros. Es Marta, la que rompe el silencio:

—Bueno, … pero eso tampoco quiere decir nada. ¿No?

Os acordáis cuando llego el miércoles por la mañana. Los bajos del coche, estaban llenos de barro y había algunas hojas de helechos entre las ruedas. Como si hubiera metido el coche por el monte. Al día siguiente, nos contó lo de ese tipo que no existe.

Se quedaron todos pálidos en aquel momento. Todas era pruebas circunstanciales. Nada concluyente. Pero era evidente, que nadie se fiaba de Toni. Pero no tuvieron tiempo de seguir. En ese momento, Toni entró en la sala. Él saludó sonriente. Pero al instante, sintió la mirada acusadora de sus compañeros. No le dijeron nada. No preguntaron nada. Pero no hizo falta. Durante unos segundos, no supo lo que hacer. Estuvo a punto de salir corriendo. Pero la falta de ética de este imbécil, fue suficiente, para que pudiese seguir con su charada, sin dar el más mínimo indicio de culpabilidad.

Aquel día, la conversación fue fría. Algunos incluso, quisieron anular el viaje, con diferentes excusas. Pero Dani consiguió tranquilizarlos a todos. No obstante, tras la mediación de Dani, todos se pusieron de acuerdo, pero … decidieron cambiar los planes.

—Ya lo veréis chicos. Conozco un sitio genial para acampar. Muy poca gente lo conoce. El paisaje es fantástico y muy cerca, hay unas termas naturales de las que podremos disfrutar todos —explica guiñando un ojo a Toni, que responde sonriendo. Aunque el resto, notan algo extraño en el tono y la mirada de Dani.

Salen a primera hora de la mañana. En menos de dos horas, llegan a su destino. Efectivamente, el sitio, es todo lo que Dani había descrito. Incluso mejor. Un paraje idílico en mitad de la nada, rodeado de árboles, montañas y un rio de poco caudal perfecto para pasarlo bien. Aunque parece que eso no iba a pasar.

La primera noche, todos se sentaron en corro al lado de una pequeña hoguera para cenar. Hablaban de todo un poco, reían y bebían sin preocuparse por nada. De pronto, Toni empezó a marearse. A tambalearse mientras todo a su alrededor se iba volviendo más borroso.

—Chicos. No se … que …

—Creo que alguien ha bebido demasiado —exclamó Sergi.

—No …. Puede … ser.

Entonces calló hacia atrás, totalmente inconsciente. El resto de los chicos se miraron sonriendo. No estaban preocupados, ni extrañados. Todo era parte del plan. Recogieron todo con tranquilidad y se subieron al coche, dejando a Toni en la misma posición en la que había caído. Justo antes de arrancar. Marta lo miró por el retrovisor.

—¿Estáis seguros de esto?

—Si, no te preocupes. No le pasará nada. Pero aprenderá una buena lección. Ese cabrón, se merece algo mucho peor.

—No sabemos con seguridad si realmente, le ha hecho algo malo a lobo. Quizás ha podido dejarlo en un albergue, o en una perrera.

—Si seguramente. EL mismo tío, que esperaba poder pillarte borracha para poder meterse entre tus piernas, y que, por ese mismo motivo, se ha desecho de su perro. Seguro que ha tenido, la deferencia de llevarlo a un hogar de acogida.

—Arranca —dice Marta frunciendo el ceño, y torciendo la boca.

Unas cuatro horas después, cuando ya era de noche, Toni se despierta con un ligero dolor de cabeza. Mira a su alrededor. Por suerte para él, la hoguera aun esta encendida. Pero esa es la única iluminación que tiene. A su alrededor, esa completa oscuridad que solo puede apreciarse lejos de las ciudades.

Entre en pánico al instante, al ver que sus amigos no están. Ni rastro de las tiendas, ni del coche. Se pasa la primera media hora gritando desconsolado, caminando en círculos alrededor del fuego. En cuanto se aparta de la hoguera, la falta de luz, lo hace tropezar y trastabillarse con los desniveles propios del terreno. Grita hasta que le falta la voz. Esta completamente aterrado. No tiene ni idea de donde se encuentra, ni sabe que hacer. Pero ya se ha dado cuenta, que lo han abandonado. Lo han dejado allí para darle una lección. Saben lo que ha hecho.

Ahora sí, su conciencia aflora, recordando una situación similar, días atrás. Entre lágrimas, se sienta y coloca la cabeza entre las piernas. Pero ya es tarde para arrepentirse, gilipollas.

De pronto, por el rabillo del ojo, mira algo en el suelo. Es una de las lámparas que había traído Sergi. Está completamente cargada. Aunque esto le hace pensar. La habrían dejado a propósito o era un golpe de suerte. Bueno, da igual. Lo que, si sabe, es que tiene que ir de allí. Hace demasiado frio para pasar la noche al raso. De hecho, sus manos, ya han comenzado a entumecerse. Tiene que empezar a caminar y entrar en calor, antes de que sea peor.

Decide dirigirse al sur. Dirección por la que han llegado. Aunque, tras casi una hora, no consigue ni siquiera encontrar la carretera. Camina lentamente entre los árboles, mientras las ramas lo golpean el la cara y las agujas de los tojos lo acarician, provocándole arañazos por todo el cuerpo. En aquel escenario, ni siquiera puede permitirse el lujo de echar a correr sin acabar metido en una zanja o abriéndose la cabeza contra una roca.

Acostumbrado a la vida de ciudad. Con cada chasquido, con cada sonido que escucha a su alrededor, su corazón se acelera y su mano comienza a temblar. Todo parece estar vivo en aquel bosque. Las sombras que crean las ramas al mecerse con el viento, el ruido de los insectos y aves nocturnas. Los ojos, de los animalillos que también salen a cazar por la noche, y que brillan en la oscuridad, con la luz de su lampara. Jamás había pasado tanto miedo. Sigue caminando entre sollozos. Por momentos, susurra algunas palabras de arrepentimiento. Pero en otras ocasiones, la ira le puede, y comienza a proferir insultos y todo tipo de lindezas contras sus amigos e incluso contra el pobre perro.” ¡Solo era un maldito perro!”, gritaba. “Un recuerdo más, de aquella maldita zorra”. Pero sus gritos, no servían de nada.

Tras casi seis horas caminando, comienza a escuchar algo extraño entre lo matorrales. Parece un animal, aunque de un tamaño considerable. Alumbra a uno y otro lado, pero no ve nada. Comienza a temblar de nuevo, al tiempo que mueve la lampara en diferentes direcciones, con movimientos bruscos. Grita intentando asustar a lo que quiera que esté tras aquellos matorrales. Coge un palo del suelo y lo agita agresivamente. Pero su táctica, no solo no hace efecto, si no que parece haber atraído a mas curiosos. Y ahora si escucha algo muy claro. Es un gruñido. Grave y continuo.

Echa a correr sin rumbo, pero llega no muy lejos. Vuelve a tropezar y cae al suelo aparatosamente. Se golpea contra un tronco y la lampara se le escapa de la mano. Tiene un par de costillas rotas y un tajo en la frente. Se incorpora, apoyando la espalda contra el árbol caído. Delante de él, hay un pequeño claro alumbrado por la lámpara que se ha quedado a unos cinco metros de donde esta. Apenas puede moverse por el dolor y el miedo. Observa aterrado como lo que sea que le persigue, se acerca a él, entre los matorrales. Cuando por fin, salen de entre la vegetación. Se encuentra ante una manada de lobos, de aspecto fiero y salvaje. Cuatro canidos, que lo rodean lentamente, con eses movimientos propios de los auténticos depredadores. Agachados, con sus cabezas casi a ras de suelo y enseñando sus enormes y afilados colmillos.

Toni esta a punto de desmayarse, cuando los cuatro animales se hacen a un lado, para dejar paso a el quinto miembro de la manada. Este último no es un lobo. Es un perro de tamaño medio. Esta sucio, pero parece bien alimentado. El perro se acerca a él. Parece querer que Toni lo vea con claridad. Cuando el animal tiene su hocico a solo unos centímetros de su cara. El corazón de Toni se acelera hasta casi estallar. Un escalofrió intenso recorre todo su cuerpo y sus pupilas se dilatan por completo. Mira de arriba abajo al can, mientras el resto de la manada se acerca tras él. Tiene las patas de color blanco, una mancha en forma de rombo en el pecho …y una cuerda alrededor de su cuello, que ha sido claramente desgarrada a mordiscos. Toni solo puede decir …:

—¿Lobo ….?

Pero antes de que pueda continuar, los cinco animales le lanzan sobre el con rabia. Allí mismo lo descuartizan sin piedad mientras sus gritos pueden escucharse a kilómetros y kilómetros de distancia. Lamentablemente, no hay nadie para escucharlos. Aunque al fondo de aquel idílico paraje. Se pueden ver, las luces de la ciudad iluminado el estrellado cielo. Parece, que no estaba tan lejos como parecía.

 

 

 

Bueno, que deciros de esta historia. Quizás la mala suerte, quizás el karma, no lo sabremos nunca. Pero bueno, si de lo que se trataba, era de que aprendiese la lección, creo que lo habéis conseguido chicos. Jajajaja

 

 

 

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