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Libro II

La maldición del norte

Hace más de mil años, el primer rey del infierno, creó sin quererlo, uno de los objetos de poder más peligrosos del universo. La luz del guía. Aquel capaz de sostenerlo, tendría el control sobre la Santa Compaña. Desde entonces, muchos lo han intentado, pero nadie lo ha conseguido ¿Hasta ahora?

Un nuevo y poderoso enemigo, amenaza el mundo que conocemos. Y quizás, solo los Anómalos, puedan salvarnos. Así que ya sabéis: contratad un buen seguro de hogar y aprovechad para visitar a ese familiar que vive al otro lado del mundo.

MAS ÉPICO Y MAS SALVAJE

Segundo aventura de nuestro grupo de héroes. Esta vez, oficialmente como un grupo. Nuevos personajes, nuevas facciones. Conocerás mas a fondo, como funciona esa mágica y sobrenatural realidad, que pasa desapercibida a tus ojos mortales.

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Capítulo I

Recapitulando. Los Anómalos ¿De qué va todo esto?

Nunca pensé que fuese a llegar este día. Aunque vosotros no lo sepáis, hemos estado infinitas veces al borde del abismo, pero nunca contemplando el fondo con tanta claridad. El mundo ha sido testigo de muchas cosas que una vez fueron posibles solamente en el imaginario de unos pocos locos. Ha girado más veces en los últimos cien años, que en los anteriores cien mil, y durante todo este tiempo, el mal ha luchado contra nosotros y crecido sin descanso. Por supuesto, sin que la mayoría si quiera se percate. Y eso es lo que debe ser, de eso nos encargamos nosotros. En las últimas décadas, muchos han quedado atrapados en el caos, la confusión y la oscura magia de las nuevas tecnologías. El poder del último de los reyes ha superado con mucho, las más negativas predicciones.
En los últimos días la tierra ha temblado, se han desencadenado terribles tormentas y todos hemos podido escuchar las trompetas que preceden al primer rey. En algunas ciudades, se ha desatado el pánico y el monumento más grande de la Inquisición ha colapsado ante nuestros atónitos ojos. Nadie estaba preparado para algo como esto. Fuegos y columnas de humo han subido hacia el cielo. Los ejércitos del primer rey del infierno, han caído sobre nosotros a millares, cubriendo el horizonte. Parece que el día del juicio final ha llegado.
Hemos tenido que unir todas nuestras fuerzas, para intentar evitar lo inevitable. Incluso los grandes hechiceros y los maestros de la Biblioteca, han tenido que salir de detrás de sus libros para unirse a la batalla final.
Y aquí estamos, una vez más al borde de la muerte y el apocalipsis. Una vez más, intentando salvar al mundo y procurando que podáis continuar con vuestras vidas, temiendo únicamente a la muerte, y a Hacienda. Procurando que penséis que cosas, como las que ahora ven mis ojos, solo están en la imaginación de algunos autores fantasiosos… Y aquí estoy yo, en mitad de todo y de todos, abriéndome paso entre una hueste de demonios para cometer, quizás, la mayor estupidez de mi vida.
Y en este momento os estaréis preguntando: ¿Quién coño es este tío? Y ¿De qué co&#¡”@s… nos está hablando? Me ofende un poco que aún no lo sepáis, pero si es así, voy a intentar poneros al día y explicaros cómo hemos llegado a esta situación. Sentaos, poneos cómodos, y preparaos para un relato lleno de pasión, magia, personajes y criaturas que creíais, solo formaban parte de la mitología y el folclore de algunos pueblos, y para descubrir una realidad oculta a los ojos de la mayoría, que quizás os cueste creer.
… Me voy a saltar la clase de historia para deciros solo, que la lucha entre el bien y el mal ha llegado a nuestros días de las formas más peculiares que os podáis imaginar. Infiltrados en gobiernos, grandes compañías, estamentos burocráticos e incluso, puede que, en el piso de enfrente, demonios, brujas, no muertos, magos y todas clases de seres y criaturas procedentes de las más diversas realidades, se esconden entre las sombras y corrientes mágicas, continuando su guerra y recogiendo almas para los líderes oscuros. Divididos en diferentes cultos, facciones y sociedades secretas (regidas algunas por líderes implacables) las fuerzas de la Luz luchamos desde el albor de los tiempos por la misma causa.
Y aquí, es donde entramos nosotros. Tanto yo, como mis compañeros, que ya iréis conociendo, formamos parte de una antigua y poderosa organización llamada Sociedad de Conservación Histórica. Creada hace más de mil años con el propósito de luchar contra las fuerzas de la Oscuridad. Sí … habéis leído correctamente. Luchar contra las fuerzas oscuras, que como os acabo de decir, siglo tras siglo, se han hecho más presentes en nuestro mundo. Proteger, conservar y expandir el conocimiento, con la firme convicción de que el arma más poderosa contra el mal es la educación.
La Sociedad de Conservación Histórica ha estado siempre formada por eruditos y maestros en todas las artes y ramas filosóficas. Muchas y muy grandes personalidades de la historia que todos conocéis, han formado parte de ella. Aunque también, cuenta en sus filas con grandes guerreros y un número estimable de fieros soldados. La magia, por su puesto, forma parte de todo, y las diferentes escuelas de magia de la Luz, están también poderosamente representadas. De ahí que su escudo y su lema sean: «La pluma y la espada».
Con esto es suficiente, del resto de líderes, ya os hablaré cuando toque. En cuanto a mi… Hasta hace unos años, era lo que podríamos llamar, un lobo solitario. En mi mundo, solo estábamos Angus y yo. El doctor Angus O´Neal es el conservador general de la Sociedad… el director, vamos. Además de haber sido uno de mis maestros desde hace mucho tiempo, es un buen amigo, y a veces, un estricto padre. Forma parte de una familia que lleva ligada a la Sociedad desde su creación. Él, me ha enseñado todo lo que sé y me ha protegido hasta que he podido hacerlo sólo. Hemos tenido nuestros más y nuestros menos. Es un buen hombre, quizás demasiado a veces. Siempre intenta rescatar todas las almas qué puede, aunque ya sabemos no se les puede salvar a todos.
Incluso por lo que a mí respecta, hay muchos que ni si quiera lo merecen. Mi forma de hacer las cosas, mi escala de valores y otras cuestiones que ahora no importan, me separaron durante un tiempo de mi maestro y de la S.C.H. Aunque debido a acontecimientos ocurridos en los últimos años, creo que ha cambiado bastante su percepción de las cosas.
Bueno, como os decía: Hace unos años, he tenido la suerte, por azares del destino, de cruzarme en el camino de tres personas que ahora también considero mi familia. Como yo, y como casi todo lo que rodea a este oculto mundo del que os hablo, son personas muy especiales. Tras una gran aventura decidimos unir nuestros poderes. Juntos, combatimos contra la injusticia y la Oscuridad. Somos, Los Anómalos.
Vale, sí; sé que el nombre no impresiona demasiado, pero creo que nos viene como anillo al dedo. Esto es algo que podréis juzgar vosotros mismos al final de mi relato.
Aunque técnicamente fue con Olaf con quien antes me topé, fue a Iria a la que conocí primero. Iria es una de las llamadas “as catro primeiras”. La primera de las cuatro primeras meigas que han existido. Reina de las mouras y todas las criaturas del bosque, dadora de vida y una implacable guerrera, aunque con ciertos problemas de motricidad… o, explicándolo de una manera más coloquial; es la mujer más patosa que he visto jamás. Por suerte, también es tremendamente poderosa. En su vida “pública”, por decirlo de alguna manera, es doctora en psicología y dirige una clínica de salud en una ciudad de tamaño medio, del suroeste de Galicia. Os puede parecer extraño, pero ésta es una de las mejores armas de las fuerzas del bien.
Me explico: Como ya os había comentado hace tiempo, la mayoría de esas criaturas que conocéis como parte del folclore y las leyendas de vuestros países; no solo existen, si no que han sobrevivido a lo largo de milenios, ocultas tras su magia y habilidades especiales. A día de hoy, al menos un 10% de la población, …no es lo que parece a simple vista, digamos. Y vosotros pensareis: Imposible, ¿por qué? Pues bueno, tanto el por qué como el para qué se podrían resumir diciendo, que la lucha entre las fuerzas de la Luz y la Oscuridad ha ocurrido desde que el mundo es mundo, desde antes de que aparecieran los primeros homínidos. Incluso en las anteriores eras de la Tierra, con anteriores civilizaciones a la nuestra. El premio por supuesto, son nuestras suculentas almas.
¿Para qué?, nadie lo sabe realmente, puesto que, una vez extinguidos los seres humanos, la lucha no tendría sentido, al menos, en este planeta. Algunos teóricos dicen, que esto simplemente forma parte de esas todopoderosas fuerzas que equilibran el universo. Los legisladores superiores les llaman la vida, la muerte, el tiempo, el espacio…
¿Como sobreviven en la actualidad? Difícil de creer, ¿verdad? En una actualidad repleta de más tecnología e información que nunca. Una actualidad que cada vez reniega más de mitos, leyendas, supersticiones y religiones, dejándose arrastrar por las nuevas tecnologías y la ciencia: ¿Cómo es posible que nadie las haya visto? ¿Cómo es posible que no sea un tema totalmente público?
Bueno, para responderos a estas últimas preguntas por completo tendría que explicaros demasiadas cosas, y creo que no es el momento, aunque a lo largo de mi relato quizás lo haga. Tendría que hablaros de los sistemas de propaganda, desinformación y disrupción mágica, que poseen muchas de las facciones de la Luz y la Oscuridad. También tendría que comentaros el pequeñísimo detalle, de que las nuevas tecnologías y los medios de comunicación, son controlados y dominados respectivamente, por el sexto y el séptimo príncipe del infierno. Sí, sí, lo que acabáis de leer.
Pero sin hablar ahora de las grandes jerarquías, o de los caudillos de estas facciones, pensando en la gente común, en el día a día, en todas esas personas que nos rodean… La mayoría de estas criaturas se han adaptado a los nuevos tiempos, haciendo lo que mejor saben hacer. ¿Qué quiere decir esto? Es muy sencillo, os lo explicaré con los ejemplos más evidentes:
La televisión, las redes sociales y los medios de comunicación en general, están repletos de Gouls, necrófagos, salamandras, Djins, vetalas. En resumen: Seres ponzoñosos, envenenadores y pirómanos, expertos en la manipulación mental, en provocar distorsión, caos y todo tipo de emociones negativas en aquellos que les prestan atención. Este es el sector más afectado. Como ya os he dicho antes, no lo vimos venir. Fuimos ingenuos pensando que la información y la tecnología solo podrían traer consecuencias positivas, pero este bastardo, fue mucho más listo que nosotros, dejándonos claro, que es tan negativo tener cien opiniones como solo una.
Sin embargo, los sectores de la educación y la sanidad son nuestros, por suerte. Muchos médicos, doctores, psicólogos, enfermeros maestros y educadores, son en realidad: ninfas, hadas, druidas, meigas, nereidas, dríades… y muchas otras criaturas de la Luz, portadoras de vida, y hacedoras del bien.
En las fuerzas de seguridad, pese a lo que algunos pudiesen pensar, también ganamos nosotros. Algunas estirpes sobreviven a día hoy en entre ellos. La sangre de muchos héroes y grandes guerreros de la historia siguen estando en sus filas. Hércules, Perseo, Aquiles, y muchos otros. Criaturas como centauros, minotauros, y hasta algún elemental, vigila por nuestra seguridad, no solo ante delincuentes o desalmados.
En el sector político y empresarial, sorpresa: Mayormente demonios, trasgos, y brujas. Maestros de los amarres, la subyugación y los pactos. Quizás los más peligrosos y poderosos. Difíciles de vencer, puesto que su poder emerge del fervor de la gente. Miles y miles de almas, caen en sus fauces cada año.
En fin, continuaré con mi historia, que es lo que realmente me trae aquí. Aunque quiero que vayáis conociendo los pormenores, y daros un contexto, que os haga comprender el mundo que nos rodea. La realidad, a la que nos enfrentamos cada día. Incluso a la que quizás un día, vosotros os enfrentareis.
Avancemos.
Unas semanas después, conocimos a Ángela. Una, dulce por momentos, hada del bosque, o moura, como aquí se las llama. Para ser exactos, es la comandante de las legiones del noroeste, y también una magnifica amazona con un considerable poder druídico. Se vio obligada a quedarse con nosotros para recuperarse de sus heridas, pero creo que, a día de hoy, ya no se iría, aunque pudiese. Es una buena mujer, con un gran corazón, pero con un más que irascible carácter y cierta aversión a los hombres, que la suele meter en problemas. Iria la está ayudando con eso, aunque a veces tiene… recaídas.
Para que os hagáis una idea, os contaré algo que sucedió un par de días antes de que empezase todo esto. Iria y Ángela estaban en la clínica como casi todos los días. Iria, estaba sentada en su despacho con los codos en la mesa y las manos entrelazadas escuchando el relato de un paciente que, mientras hablaba, sonreía y gesticulaba bastante, dando la feliz impresión de estar totalmente recuperado de sus problemas.
El despacho de Iria es de un color verde muy claro, por supuesto. De forma rectangular, a un lado del mismo, la pared está cubierta con una enorme estantería llena de libros de todos los géneros, estilos y para todas las edades. Iria siempre incita a jóvenes y a adultos, incluido a mí, a leer más. Ella cree, como Angus, que la lectura, la educación y el pensamiento crítico son la base de una sociedad sana. A su espalda, como en la mayoría de los despachos, todos sus títulos enmarcados en madera cuelgan de la pared. En el centro, una sólida mesa antigua de madera de haya con varios grabados en los bordes y las patas, pero sin ser recargada. Su pátina, indica el inequívoco paso del tiempo, pero esto le da carácter. Las sillas y el resto de los muebles son más modernos, pero combinan perfectamente entre ellos. Al otro lado tiene otra estantería. En esta, tiene todas las herramientas que suele usar en su trabajo; desde test para diferentes pruebas, hasta puzles y otros juegos para niños.
El paciente continuó hablando durante unos minutos más, para finalizar preguntando:
— ¿Usted qué opina, doctora?
— Pues creo que es hora de darte el alta.
— Opino lo mismo, aunque creo que echaré de menos estas conversaciones semanales.
— Bueno, no tiene por qué ser un adiós definitivo, podemos volver a vernos en unos meses y ver si todo sigue bien. Además, sabes que, en caso de necesidad, estaremos siempre aquí.
— Sí, lo sé, y se lo agradezco.
— Si quieres, puedes decirle a Ángela que te dé una cita para dentro de un par de meses o tres.
Me parece perfecto.
— El chico e Iria se levantaron. Ella fue hacia la puerta con intención de abrirla para despedirse de su paciente, pero justo cuando iba a colocar la mano en el pomo de la puerta, tropezó con un cable que cruzaba el suelo del despacho, y dio un traspiés hacia delante. Por inercia, colocó un hombro por delante del otro y acabó embistiendo la puerta como un jugador de fútbol americano. En la sala de espera, todos, incluida Ángela, escucharon el fuerte golpe.
Los pacientes que estaban esperando, se alteraron bastante por un segundo y miraron hacia Ángela esperando su reacción. Ésta, miró hacia la puerta sin demasiada sorpresa (como ya os he dicho, Iria es bastante…) y entonces dijo:
— ¡Ajá!, comprendo. Creo que la sesión ha acabado.
— Dentro del despacho, el paciente tampoco pareció sorprenderse en exceso, pero evidentemente se preocupó:
— ¿Estás bien?
— Sí, sí, no pasa nada, ya sabes que soy un poco….
El paciente sonrió ligeramente mientras ella, ahora sí; abría la puerta, lo acompañaba a la salida y se despedía de él con cariño. Por supuesto, no olvidó su recomendación habitual sobre leer. Pero leer textos de más de ciento ochenta caracteres… no sé si me explico.
Por otra parte, como hemos podido ver, Iria había contratado a Ángela como secretaria, al tiempo que la ayudaba con la terapia para el control de sus impulsos. Durante estos años, ha mejorado, aunque aún queda mucho trabajo por hacer.
Durante el descanso, las dos fueron a un taller para hacer una pequeña reclamación. Iria había dejado allí el coche unos días antes y parece que no habían realizado el trabajo correctamente.
El taller, era el típico en el que habréis estado alguna vez; herramientas y grasa por todas partes, un tipo inclinado sobre el motor de un coche manoseando cables y piezas. Otro con una lámpara, miraba los bajos de un coche que estaba subido a una de esas máquinas que elevan los vehículos a un metro del suelo, mientras el que parecía el jefe, caminaba hacia ellas sonriendo, a la vez que se limpiaba las manos con un trapo.
— Hola chicas, ¿en qué puedo ayudaros? — dijo el mecánico mirándolas de arriba a abajo de manera poco apropiada.
Ángela giró lentamente la cabeza mirando hacia Iria.
— Me gustaría que volviesen a revisar el coche, creo que la dirección sigue algo desajustada. Sigue yéndose hacia la derecha.
— ¿Estáis seguras? Ayer fui a probarlo e iba perfectamente.
— ¿Pues por qué no lo pruebas otra vez, chavalote?… — le espetó Ángela en un tono agresivo que Iria le interceptó inmediatamente agarrando su mano, a lo que el mecánico reaccionó con una pequeña sonrisa, bastante desagradable.
— ¿Podría volver a mirarlo? Le pagaré el servicio extra, no se preocupe.
— Claro, guapa, el cliente es lo primero — respondió con sorna. Aunque este tipo no lo sabía, se estaba jugando los testículos…, literalmente.
En aquel momento, el móvil de Iria comenzó a sonar. Se disculpó y contestó la llamada. Parecía que era algo urgente.
— Lo siento, debo ir a la clínica inmediatamente. Dejo el coche aquí —dijo dándole las llaves al mecánico —. Si tenemos que firmar algo o pagarle alguna otra reparación, lo hará mi amiga.
— Por supuesto.
Iria volvió a mirar a Ángela y la cogió de las manos, a lo que el mecánico respondió sonriendo lujuriosamente. Ángela torció la cabeza mirando hacia él, mientras el ceño se le iba frunciendo. Pero Iria volvió a interrumpirla.
— ¡Mírame!
— Ella lo hizo.
— Relájate — le susurró —. No merece la pena que te enfades por uno de estos trogloditas. Intenta que revise el coche ahora, pero no insistas demasiado. Si te ves inquieta vuelve a la clínica, yo vendré después a por él.
— Desde luego, Alteza.
— No me llames así.
— Vale, Iria. Entendido. No te preocupes. Espero quince minutos y vuelvo a la clínica.
— Exacto.
Iria pidió disculpas de nuevo y se fue. Ángela se quedó allí de pie, sin decir nada, sonriendo mientras miraba al mecánico. Después de un minuto bastante incómodo, volvió a decir:
— Se lo agradecería mucho si pudiese revisar el coche ahora. Lo necesitamos para la hora de comer.
— Claro que sí, preciosa.
El tipo, levantó el capó del coche, se inclinó y comenzó a mirarlo todo, pero sin hacer ningún movimiento. Pasados unos minutos, le dijo:
— Mmm, parece que le habéis dado un golpe en el bajo. Posiblemente ha saltado una piedra u os habéis subido a un bordillo aparcando — indicó, intentando hacer un chiste.
— No, no lo creo — respondió Ángela —. Si hay un golpe, se lo habréis dado vosotros.
— Vaya, creo que será mejor que hablemos con tu chica. Ella parece… más razonable.
Ángela levantó una ceja y suspiró profundamente, después replicó:
— Pues, aunque no es asunto suyo, no es mi chica; es mi jefa. Y sí, es bastante más razonable que yo. De hecho, si hubiera venido yo sola, ya habríamos acabado.
El tono airado de Ángela hizo que los otros dos tipos detuviesen su trabajo y mirasen todos hacia ella con un gesto amenazante.
— Vale nena, tranquila. Qué carácter tenéis las mujeres hoy en día. Mira; lo haremos así, deja el coche aquí y a última hora vuelve. Lo tendremos listo.
— No — respondió con rotundidad.
— Oye, guapa — dijo otro de los mecánicos con tono chulesco —. No vamos a discutir contigo, será mejor que venga tu marido a hablar con nosotros.
Tras ese último comentario, Ángela se quedó inmóvil durante varios segundos y sonrió mirando hacia ellos con el gesto más dulce que os podáis imaginar. Podrían haber aparecido a su espalda arcoíris de colores y manadas enteras de unicornios blancos sin que desentonasen en aquella escena. Pasados esos segundos, suspiró dejando salir un “aaayss” en su expiración.
— Está bien — respondió. Los tres tipos se miraron unos a otros, sonriendo.
Se dio la vuelta y lentamente caminó hacia la salida. Cuando ya parecía que se marchaba, echó la mano hacia el techo, se levantó a un metro del suelo y agarró el pomo de la puerta del garaje. Era una de esas puertas eléctricas que se levantaba hacia arriba hasta quedar plegada horizontalmente en el techo. Con una fuerza sobrehumana la cerró dando un tirón. La puerta bajó con tanta fuerza que se dobló como un acordeón cuando chocó contra el suelo, produciendo un ruido atronador. Después, volvió a poner los pies en el suelo y se dio la vuelta hacia aquellos tres tipos sin perder su sonrisa.
Ellos por su parte, estaban tan confundidos como aterrorizados por lo que veían. El jefe, mientras sus compañeros se armaban con lo que tenían a mano, fue capaz de proponer con una voz temblorosa.
— Va…Va..Vale. Reee…viii… Revisaremos el coche a… ahora mismo, seño… señorita.
La guerrera, miró al jefe, cambiando a un gesto de furia asesina que nadie podría esperar de una criatura como ella. Y únicamente dijo al tiempo que caminaba hacia ellos:
— Tarde, muchachos.
Desde el exterior del garaje, no se podía escuchar más que golpes, gritos y más golpes. Metal que se doblaba, cristales que se rompían y el cómo las puertas del garaje se abollaban de dentro hacia afuera con formas sospechosamente humanas. Podríamos escuchar también la voz de Ángela, en un tono más grave de lo normal, profiriendo una buena lista de palabras que bajo ningún concepto vamos a repetir, preguntando:
— Maldito ca…. Machito hijo de… ¿ahora ves la avería? Bastardo de m… ¿Crees que ahora podrás repararla, desgraciado de los…?
Una hora más tarde, Iria salió de su despacho, después de ayudar a un paciente que tenía una urgencia. Ángela estaba en su puesto, aunque un poco más nerviosa de lo habitual. Iria se percató en seguida y le preguntó:
— ¿Todo bien?
— Sí, claro — contestó sonriendo.
Aunque antes de que pudieran decir algo más, comenzaron a escucharse sirenas de todo tipo que parecían acudir a una emergencia muy cerca de allí. A Iria no le costó atar cabos, y abrió los ojos exageradamente, mirando hacia Ángela. Ésta, giró la cabeza con un movimiento seco y descolgó el teléfono, aunque nadie lo había oído sonar.
Iria se disculpó ante las personas que estaban esperando en la sala y salió corriendo hacia el garaje.
— ¡Espera! ¡No…! — le gritó Ángela, tras salir corriendo detrás de ella.
El garaje estaba en un callejón sin salida, de unos cincuenta metros de largo. Cuando giraron en la esquina, la doctora contempló el espectáculo con la boca tan abierta como los ojos. Después miró hacia su amiga que solo pudo hacer un gesto de “perdón”, mordiéndose las uñas de una mano.
Ambas se acercaron entre policías, ambulancias y bomberos, con la excusa de que eran conocidas de uno de los mecánicos. La escena era terrible; el taller estaba completamente destrozado. Los bomberos aplacaban varios fuegos mientras otros liberaban a uno de los mecánicos que permanecía incrustado en el motor de uno de los coches. Los sanitarios recogían a otro, empotrado contra una de las puertas con los pantalones bajados y una herramienta de forma apropiada metida por el… bueno, en fin. El tercero también necesitaba ayuda, estaba encajado boca abajo dentro en una columna de neumáticos.
Iria observó una vez más la escena completa sin saber qué hacer y mirando de nuevo hacia Ángela, pero esta vez, claramente enfadada.
Entre el tumulto, una vez todos rescatados y trasladados a las ambulancias, la policía comenzó a hacer preguntas al único que aún resistía en estado consciente:
— ¿Quién os ha hecho esto?
— Yo… he… he…
— Apenas podía hablar.
¿Ha sido un robo? ¿Cuántos eran?
— La… la chi… chica…
— ¿Que?
— ha…sss… sido
En ese momento, el mecánico herido pudo ver entre la multitud a Ángela, que también le miró a él. Sin que ni la policía ni Iria se percatasen, ésta, una vez más, agachó un poco la cabeza, frunció el ceño y enseñó los dientes, con una sonrisa más que diabólica. El mecánico se desmayó después de un gesto de terror, que hizo surgir instantáneamente y ante los presentes, un mechón de pelo blanco en su cabeza.
Iria se dio la vuelta y caminó de nuevo hacia su trabajo con cierta frustración repitiendo varias veces:
— Ángela… Ángela, Ángela.
— Las dos volvieron a la clínica.
— Hay mucho que hacer.
Efectivamente, queda mucho que hacer con la irascible y pequeña hada. Aunque es verdad que sus motivaciones siempre son correctas, aún debe aprender a controlar sus impulsos.
A mí, esto no me importa demasiado. Su mala leche nos ha sido muy útil en estos años, incluso a veces, admito que la provoco, cosa que no debería hacer, pero que no puedo evitar. Hemos trabajado juntos en bastantes casos, aunque en nada importante; Una infestación de trols, un pequeño problema con un grupo de erinias al norte de Europa, un djinn miembro del senado al que hubo que “neutralizar” … y algunos otros problemillas más, que ya os contaré.



Nuestro último trabajo fue hace tan solo unos días: En este caso, Olaf, Angus y yo viajamos a Alemania. Ya os he puesto al corriente de quién es el doctor O’Neal. Ahora os explicaré brevemente quién es nuestro otro gran amigo, Olaf Haakonson: guardián del conocimiento de los Aesir, y sacerdote de la orden del Escudo de Plata. Un hombre enorme con aspecto similar al de un vikingo de los fiordos de Noruega, y creedme cuando digo lo de “enorme”. Nuestro amigo mide casi cuatro metros y tiene más de dos de ancho. Es una bestia del norte, acostumbrada a las condiciones extremas. Entrenado para la guerra e instruido en los más altos conocimientos. Tuvo la desgracia de perder a su pueblo y caer bajo el hechizo de una poderosísima bruja que lo tuvo atado a ella en un oscuro sueño de más de mil años. Ahora vive entre nosotros, aunque por momentos le cuesta adaptarse a un mundo tan cambiado. Pese a su aspecto y sus condiciones, marcado por su sangriento pasado, decidió dejar las armas y entrar en la orden del Escudo de Plata para promulgar la paz, y convertirse en guardián de los conocimientos de su pueblo. No le gusta la violencia y la evita por todos los medios, pero cuando la injusticia le hace llegar a su límite…, es mejor estar lejos.
Como iba diciendo, viajamos a Alemania, concretamente a Baviera, con intención de recuperar una poderosa reliquia de las fauces de un pequeño pero pretencioso monarca oscuro, que presume de tener su colección, en la más segura e impenetrable cámara, digna de los antiguos faraones. De entrada, aquella era meramente una misión diplomática, aunque como siempre, todo se torció.

Gracias por vuestro tiempo. Espero que os haya gustado.Por favor. Comenta y comparte si es así.

Anómalos La maldición del Norte
1ª Edición
© De texto e ilustraciones: David Iglesias Ferreira
ISBN: 978-84-120863-0-0
Depósito Legal: VG 586-2019
Universo Anómalo, 2019
www.Universoanomalo.com
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