#10. Dos historias cortas de Terror que no conoces.
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#10. Dos historias cortas de Terror que no conoces.

Sep 09 David Iglesias  

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Hoy os traigo una triste historia sobre un niño….

Perdido

EL centro comercial de Bahía Negra tiene una terrible leyenda, desde hace mucho tiempo. Muchos clientes, empleados y por supuesto, los guardias de seguridad del turno de noche, han vivido el auténtico miedo, han sentido una presencia aterradora. Casi nadie, se atreve a caminar a solas por la planta 3. Muchos cuentan que allí, algunas noches, se escuchan ruidos, voces. Puertas que se abren y se cierran solas, y objetos que se mueven inexplicablemente. Incluso algunos, dicen haber visto a un niño pequeño de unos 10 años, de aspecto pálido y demacrado.

Dicen que se llama lucas. Un niño que desapareció allí mismo hace más de 23 años, justo antes de las reformas. Parece ser que el crío echó a correr y su madre lo perdió entre la multitud. Lo buscaron por todas partes durante casi una semana, pero nunca lo encontraron. En ese momento, estaban realizando la ampliación del edificio.
La policía, dedujo que el niño había sido secuestrado por algún desalmado, pero no fue así. Nunca salió del centro comercial. Algunos piensan que el pobre niño se quedó atrapado, dormido o inconsciente entre los tabiques que estaban levantando o algún recoveco de la obra. Quizás en algún momento, intento pedir auxilio, pero el ruido de las maquinas, los golpes y las voces de los obreros, nadie lo escuchó.

Cuentan que su madre murió solo un par de años después, a causa de su irreparable tristeza y desde entonces, lucas la busca por los pasillos de la última planta, donde todo ocurrió.

Guardias, empleados y clientes, describen lo mismo. Primero, todos escuchan golpes que sin duda proceden del interior de las paredes. Detrás de los golpes una voz, primero es solo un susurro, pero que poco a poco se va escuchando más alto, hasta que se puede oír perfectamente el lamento del pobre lucas llamando a su madre. Es algo escalofriante.

Pero a veces, parece que este espíritu inquieto, se enfada con la reacción o la respuesta de algunas personas, entonces, voces y golpes, se comienzan a escuchar de todas direcciones congelándote la sangre. Los más ingenuos, se acercan a conductos de ventilación, al hueco del ascensor o a algunos otros escondites, pensando que realmente allí hay un niño atrapado. Es entonces, cuando un pequeño brazo surge de la oscuridad… y detrás de él, la cara decrepita del pobre Lucas, que repite una y otra vez … Mama.

Nuestro segundo relato corto de hoy, trata sobre una mujer traicionada y abandonada…

ELENA

Elena era una bella mujer, inteligente y alegre. Estaba casada el Duque de Pontevedra; un poderoso hombre de negocios, rudo y conservador, de una noble familia. El duque necesitaba un heredero de sangre azul para su fortuna. La pareja llevaba años intentando tener un hijo sin suerte, así que, decidieron consultar a un médico. Fue entonces cuando recibieron la devastadora noticia; Elena, nunca podría concebir.
Ella lloró desconsolada durante semanas, encerrada en su habitación, sin apenas comer, ni dormir. Pero no tanto por su condición, si no, por el no poder darle a su marido aquello que tanto ansiaba.
Él, sin embargo, estaba furioso y no mostró ninguna piedad la mujer que tanto lo amaba. Dejó de hablarle y empezó a tratarla, como el despiadado hombre de negocios que era. Por supuesto, la relación se deterioró rápidamente, hasta que, en aquella enorme mansión, se comportaban como dos desconocidos.
Fue solo catorce meses después, cuando Elena vio, como su marido entraba en casa con un bebé en brazos. Sonriente. Lo acercó a ella y dijo:
Por fin tenemos a nuestro hijo.
Ella confundida y casi en shock, le preguntó que de quien era aquel niño. El hombre, sin el más mínimo tacto, le explicó que, ya que ella no podría tener hijos, él había decidido engendrar uno con otra mujer. Una mujer más joven de clase baja, a la que le habían pagado por su silencio. Ellos criarían al niño como suyo, conservando la estirpe familiar y sin que nadie se hiciese preguntas. Algo muy frecuente en la clase alta de la época.
Pero esta traición, solo hizo que Elena cayese en la más profunda de las depresiones. Dos semanas después, en la fiesta que el duque había organizado para presentar a su nuevo heredero, Elena se subió a la torre más alta de la mansión y se lanzó al vacío, ante las aterrorizadas miradas de los invitados. Su cuerpo, cubierto por un camisón de seda negro, permaneció flotando durante un par de minutos en las aguas del lago, hasta que lentamente se hundió, entre gritos de horror de los allí presentes.
El ignominioso duque, contó a todos, que su mujer, cayó en una inexplicable depresión tras el parto y que su familia, había intentado curarla por todos los medios a su alcance. Quizás, Dios lo ha querido así, decía. Pero no tardó mucho en casarse con otra mujer, de solo 21 años, a la que deslumbró con su fortuna y su triste historia.
Su diabólica felicidad duro poco, sin embargo. Fue exactamente, la noche en la que se cumplía un año de la tragedia cuando todo empezó. Primero, fue solo en sus sueños. La veía acercándose hacia él, con aquel camisón negro, desgarrado y cubierto de algas. Con su piel morada, negruzca y sus blanquecinos ojos muy abiertos. Deslizándose hacia el con los brazos estirados… lamentándose.
Yo te maldigo… traidor.
Después, la veía en todas partes; por los largos pasillos de su mansión. Reflejada en los espejos. Flotando en las aguas del lago. La escuchaba; escuchaba sus lamentos por toda la casa. El eco de su voz rebotando entre las paredes.
Fue por tu culpaaa…
Nooo… respondía él.
Debes pagar…
Todos pensaban que el duque se estaba volviendo loco. Nadie más que él, veía a aquel espectro ni escuchaba aquellas voces, que poco a poco precipitaron al señor de la casa a la mayor de las locuras…
El final llego, cuando una noche, al abrir los ojos, contempló como a su lado, en la cama, yacía Elena, mirándolo con aquellos enormes y terribles ojos blanquecinos. El duque huyo pidiendo auxilio. Corría por los pasillos totalmente fuera de sí, mientras aquel rostro le perseguía tras cada puerta, tras cada cuadro; y sus lamentos se escuchaban por todas partes, dentro de su cabeza. El duque, no aguanto más el tormento, y se lanzó por la misma ventana, de la misma torre, que su difunta esposa.
Cuando lo sacaron de las aguas del lago, estaba misteriosamente amortajado con unas raídas y putrefactas sedas negras.

©David Iglesias Ferreira.
Universo Anómalo ED. 2020
Vigo, Galicia.

FIN

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